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El SDDR cambiará el PET que llega a las plantas de reciclaje

SDDR cambiará el rPET

La conversación pública sobre el futuro Sistema de Depósito, Devolución y Retorno se ha centrado, sobre todo, en el depósito que pagará el consumidor al comprar una bebida y recuperará cuando devuelva el envase. Es lógico: será la parte más visible del sistema.

Para quienes trabajamos con envases y materiales reciclados, el cambio está en otro punto de la cadena: en qué PET llega a las plantas de reciclaje y con qué características.

Hoy, buena parte del PET procede de sistemas de recogida en los que conviven distintos tipos de envases y materiales. Antes de convertirse de nuevo en materia prima, ese residuo debe clasificarse, separarse y prepararse para su reciclado. La composición de los flujos puede variar y la presencia de otros materiales condiciona tanto el proceso como las características del material obtenido.

El SDDR modifica ese punto de partida. Los envases incluidos en el sistema se recogerán a través de un flujo específico y separado del resto. Para el reciclaje de PET, esto significa trabajar con una materia prima de composición más previsible y con un mayor control sobre lo que entra en el proceso.

En aplicaciones destinadas al contacto con alimentos, esa cuestión tiene un peso especial. El material reciclado debe proceder de procesos que cumplan requisitos específicos y la trazabilidad de la materia prima forma parte de ese control. Cuanto mejor conocemos el flujo de entrada, más fácil resulta gestionar de forma consistente un proceso de reciclado destinado a obtener rPET para estas aplicaciones.

El Reglamento europeo sobre envases y residuos de envases (PPWR) establece, a partir de 2030, porcentajes mínimos de contenido reciclado posconsumo para diferentes categorías de envases de plástico. Entre ellas, fija un 30 % para los envases sensibles al contacto fabricados principalmente con PET y también para las botellas de plástico de un solo uso destinadas a bebidas.

Para las empresas que fabrican o compran estos envases, cumplir esos objetivos requiere disponer de suficiente rPET con las características adecuadas para cada aplicación. El volumen es importante, pero también lo es la calidad, la trazabilidad y la capacidad de acreditar el origen del material.

Por eso, la implantación del SDDR tiene interés para toda la cadena del PET.
La separación de los envases de bebidas en un flujo específico mejorará la calidad de la materia prima disponible para el reciclaje: una composición más previsible que permite trabajar con mayor control y facilita el aprovechamiento del material para aplicaciones exigentes.

Sabemos que la implantación no va a ser sencilla ni inmediata. Productores, distribución, puntos de devolución, operadores logísticos y gestores de residuos tendrán que incorporar un modelo que modifica la forma en que una parte importante de los envases de bebidas vuelve al circuito de reciclaje. La dimensión del sistema hace que la puesta en marcha requiera tiempo y una coordinación considerable entre todos los participantes.

También habrá cuestiones prácticas que deberán resolverse durante la implantación, desde la organización de los nuevos flujos hasta su integración con los sistemas de recogida y reciclaje existentes. La fecha prevista en la normativa marca el comienzo de este cambio, pero el funcionamiento a escala de un sistema de esta dimensión requerirá un periodo de adaptación.

En los próximos años, una parte del PET posconsumo disponible en España procederá de un sistema de recogida diferente al actual. Y eso cambiará las características de la materia prima con la que trabajará la cadena de reciclaje. El alcance real dependerá, como casi siempre en este sector, de cómo se ejecute y de la capacidad del sistema para funcionar con la escala prevista.

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