Pocas personas piensan en el envase cuando cogen una bandeja de pescado fresco en el súper.
Pero es uno de los alimentos más exigentes de envasar: la humedad, la grasa propia del producto y la necesidad de mantener el frío constante lo convierten en un reto técnico real para toda la industria alimentaria. Con las temperaturas del verano, cuando el consumo de productos frescos también aumenta, ese reto se intensifica.
El envase tiene un papel clave en todo esto.
No es solo un contenedor: evita contaminaciones, conserva la frescura y protege el producto durante el transporte, el almacenamiento y su exposición en el punto de venta, a menudo en condiciones exigentes de temperatura y manipulación. Un fallo en cualquiera de estas fases puede comprometer tanto la seguridad alimentaria como la vida útil del producto.
A este desafío se suma otro, cada vez más presente en el sector: avanzar hacia materiales más circulares sin renunciar a las prestaciones técnicas que exige un producto tan sensible como el pescado fresco. La normativa europea empuja en esta dirección, pero el reto va más allá del cumplimiento regulatorio: se trata de demostrar que un envase fabricado con material reciclado puede ofrecer las mismas garantías que uno fabricado con materia prima virgen.
En Formaspack trabajamos precisamente en ese punto. Usamos rPET apto para contacto alimentario en el envasado de productos frescos como el pescado, con procesos de reciclado avanzados y controles de calidad estrictos que nos permiten reincorporar material al ciclo productivo sin comprometer el comportamiento homogéneo, la resistencia mecánica ni la estabilidad que exige la cadena logística, también en los meses de más calor.
«El reto ya no es únicamente fabricar un envase con material reciclado. El verdadero desafío consiste en conseguir que ese material ofrezca un rendimiento constante, responda a las exigencias de seguridad alimentaria y mantenga las prestaciones que requieren productos tan delicados como el pescado fresco«.
Fabricar con material reciclado sin renunciar a ninguna exigencia técnica no es el resultado de un proyecto puntual, sino de un trabajo de mejora continua en nuestros procesos de reciclado y control de calidad.

