El Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases lleva tiempo sobre la mesa. Se ha hablado mucho de fechas, porcentajes y obligaciones futuras. También de incertidumbre.
Sin embargo, al empezar 2026 hay algo claro: más allá de los ajustes que aún puedan llegar, hay decisiones que ya no se pueden seguir aplazando.
No porque la norma esté cerrada al detalle, sino porque el impacto en el diseño y la gestión del envase es estructural.
El error de esperar a que “todo esté claro”
En muchas organizaciones sigue existiendo la tentación de esperar. A que se publique el último texto. A que haya una guía definitiva. A que otros den el primer paso.
El problema es que el PPWR no introduce cambios cosméticos. Afecta a cómo se diseña el envase, cómo se justifica su sostenibilidad y cómo se demuestra el cumplimiento. Y esas decisiones no se toman de un día para otro.
Diseñar, validar, homologar y poner en producción un envase lleva tiempo. Ajustarlo cuando la presión regulatoria ya es inmediata suele ser más caro y más complejo.
Decisiones que ya están sobre la mesa
Aunque algunos aspectos del reglamento sigan evolucionando, hay ejes que no van a desaparecer y que ya condicionan cualquier proyecto de envase.
– Uno de ellos es el papel del contenido reciclado. No solo como porcentaje, sino como requisito ligado a trazabilidad, calidad y coherencia con la aplicación final
– Otro es la reciclabilidad real del envase. No la declarada, sino la demostrable, teniendo en cuenta diseño, materiales y compatibilidad con los sistemas existentes.
– Y, por último, la necesidad de poder justificar técnicamente cualquier afirmación vinculada a sostenibilidad. El contexto regulatorio ya no permite mensajes vagos ni soluciones poco argumentadas.
El envase como sistema, no como pieza aislada
Una de las claves del PPWR es que obliga a mirar el envase como un todo. Material, diseño, uso, fin de vida y comunicación forman parte del mismo sistema.
Esto cambia la forma de trabajar. Ya no basta con optimizar una variable sin tener en cuenta las demás. Un envase puede cumplir en contenido reciclado, pero generar problemas en reciclabilidad. O ser técnicamente reciclable, pero no estable en un proceso industrial exigente.
Por eso, muchas de las decisiones que ahora son críticas no tienen que ver con un valor concreto de la norma, sino con el enfoque con el que se afronta el diseño del envase.
2026: el año de transición real
Más que un punto de llegada, 2026 es un año de transición. Un momento en el que conviene revisar decisiones pasadas y plantear las futuras con una mirada más amplia.
No se trata de rehacerlo todo, sino de identificar qué envases están alineados con lo que viene y cuáles pueden convertirse en un problema a medio plazo.
El PPWR no obliga a tener todas las respuestas cerradas hoy, pero sí a replantear cómo se toman las decisiones de envase.
En ese cambio de enfoque es donde muchas organizaciones están empezando a notar la diferencia.
En próximos artículos iremos abordando cómo los distintos requisitos del PPWR interactúan entre sí y qué implicaciones reales tienen en el diseño de envases.

